En la ciudad de Salvaleón de Higüey, específicamente el Hogar de Ancianos Divina Providencia, la hermana Sol María Ciriaca Almonte Vélez de la congregación de Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, hermana que ha dedicado su vida a la asistencia de los ancianos desde su llegada a la ciudad en 1996.
El Hogar de los Ancianos Divina Providencia, está ubicado en una casa grande en el centro de la ciudad, donada desde hace 60 años, por Ángel Medino, español.

Almonte Vélez, compartió: “Desde el año 1939 se está atendiendo a los ancianos de la calle y de escasos recursos, ancianos que deambulaban por las calles, este hogar, ha perdurado durante todos estos años, cuidando y enseñando a nuestros ancianos, en aspectos generales, ya que esta es una obra que Dios nos dio”.

“En la casa hogar se albergan 38 pacientes, tanto hombres como mujeres, obra que se sostiene por la mano de Dios y de los aportes que ofrece el pueblo, gente que se preocupa por los alimentos, ropa y calzados de los ancianos albergados, también contamos con el patrocinio de muchas personas pudientes de la ciudad que aportan en todas las jornadas de la casa hogar”. Indicó Almonte Vélez.

Cuentan con un personal de 13 mujeres y 1 hombre, personal encargado de la atención de los ancianos, del aseo, cocina de los envejecientes.
También cuentan con un médico en especialidades y una enfermera a tiempo completo, quien atiende por las noches en sus jornadas médicas respectivamente. Los honorarios de este personal médico son pagados gracias a la bondad de personas que aportan para los respectivos pagos.

También Almonte Vélez acotó: “Hay ancianos que nos envían de CONAPE, ancianos que recogen de las calles y son albergados, en la casa hogar”.

CONAPE es una institución que garantiza los derechos fundamentales de los Adultos Mayores a través de la implementación de políticas públicas integrales.

Además, sigue diciendo Almonte Vélez: “Para mí los higüeyanos son mi madre, mi padre, mis hermanos, yo los amo, ellos son un pueblo grande, preocupados por sus semejantes, y sobre todo por esta obra, me siento muy contenta, muy satisfecha, me siento apoyada por los higüeyanos, yo soy del Sibao, y llegue aquí a Higüey en el 1996, y desde ese entonces estoy trabajando en esta obra tan bella”.

De igual modo, las iglesias en general, católicas, Evangélicas y Adventistas, entre otras, participan en la obra aportando a los ancianos, alimentos, ropa y calzados, actividades, entre otras cosas.

“Aquí no le cerramos las puertas a nadie, al contrario las puertas están abiertas para aquellas instituciones y personas que quieran traer sus aportes, sean alimentos, ropa, calzados, medicinas, colchones, sábanas, entre otras cosas”. Puntualizó Almonte Vélez.
Por su parte Juliana Castillo de Tavera, explicó: “yo me he mantenido en esta casa hogar desde hace muchos años, desde muy joven, ya que desde que conocí este lugar y a las hermanas, no me he separado de ellas, y de este hogar, ya que han aportado mucho para mi vida.

Gracias a las oraciones de las hermanas, me he mantenido firme, el calor humano de los ancianos, yo vivo aquí en esta casa, el día que no vengo, me acuesto inquieta, ya que yo siempre estoy dispuesta para todo aquí en la casa hogar.

Desde hace mucho tiempo, en el hogar no tenía las condiciones necesarias, ya que el pueblo era muy pobre y vivía en precariedad, traían las verduras y hortalizas en malas condiciones, sin embargo, siempre estábamos aquí y buscábamos lo necesario solicitando ayuda a todas las personas para poder sostener a los ancianitos.
Ahora el hogar de Ancianos Divina Providencia, está mejor, puesto que ya el pueblo ha crecido económicamente y así aporta mucho más calidad. Igualmente todo el pueblo coopera, hasta los más humildes, los transportistas, los motorizados, los estudiantes, los vendedores ambulantes, de poco, pero lo importante es que cooperan, y lo hacen con amor por que yo los he recibido y se les ve el amor en sus ojos”.

“Les hacemos el llamado a todos los higüeyanos, a que se acerquen y compartan con los ancianos, y aporten con lo que Dios les ponga en su corazón, ellos necesitan de cada uno de nosotros en su vejez, no tan solo de dinero, de alimentos, ropa, y calzados, sino de un abrazo, de una palabra de aliento, de amor”. Concluyó Castillo de Tavera.